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sábado, 18 de junio de 2016

Pautas para un castigo efectivo

¿Cómo castigar a los niños y a la vez educarles bien?

Si eres partidario de castigar a tu hijo para su educación, debes seguir estos sabios y útiles consejos, ¡los papás os tenéis que poner de acuerdo!

Hay muchas teorías sobre si el castigo es efectivo o no, y aunque el problema científicamente está resuelto, ya que son muchas las universidades que han hecho y hacen estudios sobre este dilema, los padres no conocen, ni tienen por qué conocer todos estos estudios.

La educación de los hijos tiene dos partes principales:

  1. La primera es conseguir que nuestros hijos se adapten a la sociedad y cultura en que les ha tocado vivir.
  2. La segunda es darles los medios para que puedan conseguir esto de la mejor manera posible, que puedan vivir en sociedad y que además puedan vivir bien, es decir, darles unos buenos estudios, para que puedan conseguir un buen trabajo, crear una empresa, etc. En resumen, que puedan tener una buena posición económica, que les ayude en el resto de las vicisitudes de la vida.
A los padres les corresponde fundamentalmente la primera parte y cada vez más, ya que el Estado, por vía de los centros educativos, actualmente se dedica casi exclusivamente a la segunda parte, dar las enseñanzas académicas.

Cuando los hijos tienen comportamientos que se salen de las normas establecidas, los padres suelen recurrir al castigo, ya que es una solución socialmente aceptable y que se usa habitualmente en muchas situaciones, ejemplo: multas de tráfico.

Si todos los padres fuesen expertos en psicología del aprendizaje, sabrían que la mejor manera de conseguir modificar una conducta es una combinación de refuerzos positivos y refuerzos asertivos (castigos), y que si los primeros se hacen bien, los segundos no son necesarios. Pero cada uno usa lo que sabe, que suele ser el modelo que emplearon sus padres con ellos y algún libro que han leído sobre educación.

Para educar, lo ideal es el refuerzo positivo. 
Con ellos, no deberíamos necesitar los castigos

Pautas para los castigos
Hay que decir que de todas formas, sea cual sea el método que utilicen, casi siempre tienen algún grado de efectividad y lo fundamental es aplicarlos bien, ya que cuando fallan es siempre por culpa de los padres, y para que no fallen las normas fundamentales son:

  1. Los dos padres deben estar de acuerdo en el premio o castigo que se aplique: si uno lo pone, el otro no debe quitarlo. A veces ocurre que un padre pone un castigo y en cuanto se va, el otro padre se lo quita rápidamente al hijo al que se le ha puesto. Ejemplo: ahora que se ha ido tu padre, ya puedes jugar con la Play Station. (Este primer punto implica que los padres deben estar de acuerdo en muchas más cosas).
  2. El castigo debe ser proporcionado y que se pueda cumplir: no hay que dejarse llevar por el estado de ánimo del padre en ese momento. Ejemplo de castigo no proporcionado sería: nos has tenido muy preocupados al llegar tarde, ya no sales más en todo el año. Está claro que en dos o tres días el hijo va a volver a salir, en cuanto se les pase el disgusto a los padres.
  3. Los hijos deberían conocer de antemano el castigo que se les va a poner: esto casi nunca ocurre. Si un chico sabe que por llegar tarde, se queda dos días sin salir, lo acepta y no tiene que disgustarse nadie.
  4. Una vez puesto el castigo, no es negociable y no debe reducirse o cambiarse: esto debe hacerse en la fase anterior, cuando se explican los castigos que se pueden poner.
Considero que con estas cuatro normas fundamentales la mayoría de los padres pueden salir adelante, y sobre todo para casos complicados es mejor ponerse en las manos de un profesional.


Fuente: Por D. Juan Aguirre Collado, miembro de Saluspot y
 psicólogo en la Consulta de Psicología Juan Aguirre.




lunes, 21 de marzo de 2016

8 maneras de impartir disciplina y que tus niños te hagan caso a la primera

 Lunes Santo.... lunes para seguir aprendiendo....


8 maneras de impartir disciplina y que tus niños te hagan caso a la primera

Hay algunas cosas, como educar a los hijos, que son especialmente difíciles y desagradecidas a la hora de obtener resultados. ¿Cuántas veces has tenido que pedir, rogar e incluso gritar a tu hijo: "no te metas eso en la boca", "deja de pegarte con tu hermano" o "no saltes del sofá a la silla"? Afortunadamente, hay formas efectivas de comunicarte con tu pequeño de manera en la que te asegures de que él te escuchará y cooperará a la primera.


Sé claro
Por supuesto que quieres explicar a tu hijo los porqués de todo en esta vida, pero quizás cuando estáis a punto de salir para ir a la escuela no es el mejor momento. Así que ahorra los discursos elaborados para cuando tu pequeño necesite de un apoyo más profundo. Cuando necesites obtener una respuesta rápida, sé claro y específico, sugiere Richard Bromfield, Ph.D., psicólogo en Harvard Medical School y autor de How to Unspoil Your Child Fast. Los niños necesitan información concreta así que, en lugar de decir “prepárate para ir a la escuela”, da instrucciones directas: “Es hora de que te pongas el abrigo y la mochila”.

Conviértelo en un desafío
Como a los niños les encantan los pasatiempos, convertir el buen comportamiento en un juego es una forma muy inteligente de obtener su complicidad. ¿Tienes un hijo que da problemas cada vez que tiene que ponerse las zapatillas? Prueba a decirle: “Te apuesto que no eres capaz de ponerte tus deportivas en 45 segundos”.  ¿Tu hijo nunca quiere cepillarse los dientes? Dile: “Me pregunto quien puede limpiarse los dientes por más tiempo, tú o yo”.

Conecta con tu hijo y personaliza el mensaje
Hay dificultades de ser mamá, como educar a un niño de 2 años, que parecen imposibles. A veces parece que tu pequeño no quisiera “comprar” lo que le “vendes”, cuando lo que realmente está sucediendo es que no puede procesar bien lo que dices.  “Los niños no son buenos a la hora de hacer más de una cosa a la vez”, explica Jim Taylor, Ph.D., y autor de Positive Pushing: How to Raise a Successful and Happy Child. Es prácticamente imposible para tu pequeño asegurarse que su trenecito de juguete no se descarrile al mismo tiempo que te escucha y se preocupa por comprenderte. En lugar de esperar una atención completa, prueba a decirle que deje de jugar por unos minutos para que podáis hablar. Entonces, explícale lo que sucede mirándolo a los ojos, utilizando su nombre y preguntándole si te ha entendido cuando termines.

Disciplina positiva: sustituye los malos hábitos
La mejor manera de acabar con un comportamiento no deseado es sustituirlo por una alternativa o el “contrario positivo” de ese mal gesto, dice Alan E. Kazdin, Ph.D., profesor de psicología y pediatría de Yale University, y director del Yale Parenting Center. En lugar de centrarte en lo que no quieres que tu hijo haga (“odio cuando es un respondón”) dale importancia a lo que si te gustaría que hiciese (“cuando llega el momento de limpiar, me gustaría que sencillamente lo hicieras”).
Una forma segura de que tu hijo opte por portarse bien son las alabanzas. Cuando actúe adecuadamente, expresa tu sincera emoción (“¡wow!”).  Después, hazle saber porqué estás tan contenta (“estabas enfadado, pero decidiste decirlo en lugar de ponerte a pegar”). Finalmente, añade algún gesto físico, como un abrazo o high five. “Cada vez que refuerzas un éxito parcial, te acercas un poco más al objetivo final”, dice Dr. Kazdin.

Corta el drama
Los hijos tienen mucha más resistencia que tú y pueden discutirte, montarte un berrinche y oponerse tanto tiempo como les dejes (¿a alguna le suenan las batallas campales para conseguir que se vayan a la cama?). “Cada vez que participas de este intercambio de discusiones, le das la oportunidad de volverse más fuerte y mejor en ello”, dice Dr. Bromfield. En lugar de dar repetidos avisos y recordatorios, dale uno (“te quedan 10 minutos para jugar, es hora de dormir”) e ignora cualquier enfado después de ello. Si todo lo demás falla, utiliza el clásico “porque lo digo yo”. De esta manera también aprenderá a respetar a los demás y a que las cosas siempre salen bien: lo importante, a la larga, es educar en valores.

Explica las dinámicas de causa-efecto
Cuando tu pequeño se niega a ponerse un sombrero o a abrigarse y luego se queja de que hace frío, simplemente cuéntale cómo las prendas de ropa que no quiso ponerse le habrían ayudado. La próxima vez que no quiera ponerse una chaqueta o gorro, recuérdale lo que pasó la última vez.

Ofrece alternativas
A los niños les reconforta sentirse en control. Así que, en lugar de preguntarle si puede recoger los juguetes, donde realmente solo hay una posible respuesta, proponle diferentes opciones incluso si no hay una diferencia monumental entre ellas. Dile, por ejemplo, “por favor recoge esos dos juguetes o aquella caja cerca de la cama”. De esta manera evitas recibir un “no” directo.

Cambia las formas
“Cuando tu hijo escucha las palabras ‘no’ o ‘para’, estás desencadenando una respuesta casi pavloniana que consiste en que el pequeño dejará de prestarte atención”, dice Jane Nelsen, Ed.D., autor de una colección de libros sobre disciplina positiva. En lugar de decirle “no tires de la cola del perrito”, dile: “trata al perro con cariño”.

¿Quieres que tu hijo te preste atención? Susurra. Nada genera mayor interés que un secreto.



jueves, 12 de noviembre de 2015

Los tipos de castigo moderno

Hoy leemos sobre el tema de los castigos: en esta pequeña reseña, se nos indica distintas maneras de castigar, diferentes a las tradicionales, y que seguramente tengan mucho más efecto que las que solemos llevar a cabo, aunque a veces nos parezcan que no.  Cierto es que debemos hacer lo imposible por no llegar a estas situaciones a través del diálogo, la confianza, la comunicación... pero si llegamos a ello, al menos que tanto unos como otros, aprendamos de ello. 


Los psicólogos insisten en que es mejor reforzar los comportamientos positivos de nuestros hijos que castigarle sin más cuando se porta mal. Estas técnicas te serán útiles cuando tengas que reprenderle.

En lugar de castigos, consecuencias educativas. Ese es el consejo de los especialistas cuando tu hijo se porta mal. La diferencia entre uno y otro es el esfuerzo que supone al niño realizarlo. Si tu niño rompe un jarrón del salón a propósito, no tiene sentido que le dejes sin comprarle cromos. Eso sería un castigo. Una consecuencia negativa supondría que el pequeño tuviera que reponer el daño reparado, destinando parte de su paga a comprar otro o modelándolo con arcilla.
Emplea también estas alternativas al castigo tradicional: 
1. La ilusión de la doble alternativa. Si no quiere estudiar, no le insistas, pregúntale sólo qué asignatura repasará primero. Así creamos en el niño la ilusión de que es él quien elige libremente qué hacer, por lo que se sentirá más valorado. 

2. La técnica del fuera de juego. Útil con pequeños alborotadores, agresivos y desobedientes y se basa en la retirada de la situación a eliminar. Si salta en el sofá, le bajamos inmediatamente y le sentamos en una silla un rato. Puedes usar tarjetas como los árbitros de fútbol para que el niño sepa cuándo está expulsado con más facilidad. El tiempo de aislamiento ha de ser de un minuto por año. 

3. La sobrecorrección. Supone que el niño restituya el daño que ha causado o que repita lo que hizo de forma alternativa y positiva. 

4. El sistema de pegatinas y puntos. Premia los comportamientos positivos del niño con una pegatina de determinada forma o color y sanciona los negativos con una diferente. Para que funcione es vital tener claro cuántos puntos debe acumular para obtener un premio y que sea no material: una excursión en familia, una merienda con los amigos… 

5. El pacto. Es útil si es mayor de 10 años. Escribid un contrato para cambiar alguna conducta del niño y de los padres –puede que le moleste que entres en su cuarto sin llamar a la puerta–. En el contrato debe establecerse los privilegios que se obtendrán si se cambia de actitud y la sanción si no se respeta. 

6. La consecuencia disuasoria. Asocia un comportamiento no deseado con una consecuencia desagradable. Por ejemplo, si no ha acabado los deberes, tendrá que madrugar para terminarlos; si no ha querido leche para desayunar, se la ofreces en la merienda. Así el desagrado que le causó no le hará recaer.